Durante décadas, una escala portuaria representó una oportunidad para cargar o descargar mercancías. Hoy, esa ecuación comienza a cambiar. En la nueva economía marítima, los puertos compiten por un negocio mucho más amplio: convertirse en centros de abastecimiento energético para la flota mundial. El combustible que reciben los buques ya empieza a influir en la elección de sus escalas, abriendo una nueva competencia entre terminales que trasciende el movimiento de contenedores.

La transición energética del transporte marítimo está modificando uno de los negocios más rentables de la industria: el bunkering, es decir, el suministro de combustible a las embarcaciones. Mientras durante décadas el fuelóleo dominó prácticamente todo el mercado, la llegada de combustibles alternativos como el gas natural licuado (LNG), el metanol, el amoniaco, los biocombustibles e incluso el etanol está obligando a los puertos a replantear su infraestructura y su estrategia comercial.

La competencia no consiste únicamente en disponer de nuevos combustibles, sino en ofrecer almacenamiento, protocolos de seguridad, personal especializado, terminales adaptadas y cadenas de suministro capaces de garantizar disponibilidad permanente. Quien logre reunir esas condiciones tendrá mayores posibilidades de atraer servicios regulares de las principales navieras del mundo.

El combustible también decide las rutas

Aunque el transporte marítimo continuará utilizando combustibles convencionales durante varios años, la flota mundial ya comenzó su transformación.

De acuerdo con Lloyd's Register, durante 2025 se ordenaron 590 nuevos buques preparados para operar con combustibles alternativos, elevando la cartera global a 1,942 embarcaciones con capacidad para utilizar tecnologías como LNG, metanol, amoniaco, hidrógeno, biofuel o etano. El LNG mantiene el liderazgo, pero el crecimiento de otras alternativas confirma que la transición energética ya forma parte de las decisiones de inversión de las navieras.

Esta evolución obliga a que la infraestructura portuaria avance prácticamente al mismo ritmo que la construcción naval. De poco sirve incorporar nuevos buques si las terminales donde operarán no cuentan con capacidad para abastecerlos.

Un mercado concentrado... con espacio para nuevos protagonistas

Uno de los hallazgos más interesantes del análisis internacional desarrollado por The Decarb Hub es que cerca de la mitad de toda la demanda mundial de combustible marino se concentra actualmente en apenas 19 puertos.

Esta concentración representa una oportunidad para acelerar la transición energética mediante inversiones focalizadas, pero también abre espacio para que otros puertos estratégicos desarrollen capacidades especializadas y participen en un mercado con alto potencial de crecimiento.

Singapur, Rotterdam, Amberes-Bruges y diversos complejos portuarios de Asia y Medio Oriente ya ejecutan programas para ampliar el suministro de metanol y amoniaco, mientras otras terminales desarrollan infraestructura para LNG, hidrógeno y combustibles sintéticos.

La siguiente ventaja competitiva

La infraestructura energética comienza a convertirse en un nuevo factor de competitividad portuaria.

Diversos análisis internacionales señalan que, para cumplir las metas ambientales impulsadas por la Organización Marítima Internacional (OMI), será necesario que al menos una veintena de grandes puertos cuenten con capacidad para abastecer combustibles de cero o bajas emisiones antes de 2030.

Al mismo tiempo, la expansión de la infraestructura avanza de manera desigual. Mientras el LNG dispone de una red consolidada de abastecimiento, el metanol y el amoniaco todavía requieren importantes inversiones para alcanzar una cobertura global comparable.

¿Qué significa esto para México?

La posición geográfica de México ofrece una ventaja natural para integrarse a esta nueva dinámica.

Puertos como Manzanillo, Lázaro Cárdenas, Altamira, Veracruz o Coatzacoalcos ya desempeñan un papel estratégico dentro de las cadenas logísticas de Norteamérica y el comercio transpacífico. Sin embargo, la siguiente etapa de su competitividad no dependerá únicamente de ampliar patios, dragar canales o incorporar nuevas grúas.

La posibilidad de desarrollar infraestructura para abastecer combustibles alternativos podría convertirse en un nuevo elemento diferenciador para atraer escalas internacionales, fortalecer corredores marítimos y generar inversiones de mayor valor agregado alrededor de la actividad portuaria.

Más allá de la transición energética, el bunkering comienza a perfilarse como un negocio estratégico capaz de redefinir la competencia entre puertos. En la próxima década, la pregunta dejará de ser únicamente cuánta carga puede mover una terminal. También importará qué tipo de energía es capaz de ofrecer a la flota que mantiene en movimiento al comercio mundial.


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